Entrevista a
Alfonso
Chase,
en torno a la influencia que ejerció Carmen Lyra
en torno a la influencia que ejerció Carmen Lyra
a nivel estético e
ideológico en la formación
de
la política
costarricense.
Carmen
Lyra,
seudónimo de María Isabel Carvajal Quesada
(San José, 15 de enero de 1887- México, 14 de mayo de 1949)
Escritora, pedagoga y política costarricense de izquierda.
(San José, 15 de enero de 1887- México, 14 de mayo de 1949)
Escritora, pedagoga y política costarricense de izquierda.
Desde
finales del siglo XIX, y conforme el pueblo costarricense,
gradualmente comienza a tener acceso a la educación básica y
secundaria, despierta la conciencia de la clase obrera y
proletaria, iniciándose un proceso de cambio social, y el
motor
de este cambio, será la lucha de clases.
La conciencia de la propia clase social,
el reconocimiento de la propia miseria y explotación,
frente a los privilegios y riqueza de unos reducidos grupos
de
la clase burguesa, es el caldo de cultivo de las luchas
sociales
que se suscitarán desde inicios del siglo XX, hasta
desembocar
en la Guerra Civil de 1948.
Reflexionar sobre la propia historia, es clave, particularmente en un momento en que Costa Rica, se enfrenta a inicios del siglo XXI, a un recrudecimiento de la explotación laboral, a una mayor exclusión social, y teniendo la mayor cantidad de pobres en términos absolutos de toda su historia; aunado todo ello, a un conspicuo cinismo de una corrupta de clase política, que ha instaurado un sistema jurídico-administrativo, orientado a la acumulación de riqueza cuasi-faraónica en una cada vez más reducida oligarquía plutocrática; lo cual es sostenido por un amurallado apartheid de exclusión social in crescendo.
En medio de este desolador panorama, resulta esperanzador, volver los ojos hacia el pasado y percatarnos, que en nuestra historia hubo hombres y mujeres, que surgieron entre los marginados, y tuvieron el valor de luchar en contra esa explotación humana, por parte de un poder oligárquico entronizado sobre la Costa Rica desde esa entonces.
Las clases dominantes de Costa Rica, se han vuelto cada vez más reaccionarias, acaparadoras de los recursos sociales y excluyentes de las clases sociales pauperizadas. Se trata de un poder oligárquico que no sólo se ha negado a hacer nuevas concesiones sociales, sino cada vez impone sus cuotas de poder al sector político, para inmunizar cualquier posible cambio jurídico, administrativo o hacendario, que perjudique sus intereses. Una evidente muestra de ello, han sido los éxitos iterativos, para evitar cualquier tipo de reforma tributaria progresiva y con un sentido socialmente distributivo. A la vez, el asedio a los últimos residuos de las instituciones de bienestar social, en lo educativo, en la salud y sobre los recursos energéticos, es cada vez más implacable, en función de una deliberada estrategia de privatización acaparativa.
La plutocracia oligocrática que se se ha empoderado en la Costa Rica del siglo XXI, al no tener un contrapeso significativo, al servirse de una fauna política genuflexa de turno, al tener el aparato mediático masivo en favor de sus matrices desinformativas; como también, al tener a su servicio los mismos aparatos coercitivos del estado; les permite refugiarse en sus mansiones amuralladas, protegidas por un cada vez más grande ejército de seguridad privada; y, desde ahí, decidir, cuáles serán los representantes políticos que les convienen sean electos o cuáles no, cuáles son los grandes negocios que deberán institucionalizarse en la próxima legislatura y cuáles son las instituciones públicas que deben desmantelarse o venderse al mejor postor.
Por ello, los sectores plutócratas, se encuentran obnubilados en su poder cuasi-absoluto y por su cada vez más marcado desprecio hacia las cada vez más indefensas clases trabajadoras, explotadas y pauperizadas en función de sus intereses; y al no tener ningún contrapeso significativo, muestran sin empacho que no les interesa compartir los recursos sociales de la nación costarricense, que cada día acaparan avariciosamente con mayor ímpetu.
Aquellos recursos e instituciones que aun no han sido copadas por los tentáculos políticos y económicos de los sectores oligocráticos y que se convierten en la excepción, son producto de aquellas reivindicaciones sociales, logradas en otros momentos históricos por las luchas orgánicas levantadas por los sectores excluidos.
En la historia costarricense, sólo cuando la clase dominante, se ha sentido amenazada por la fuerza reivindicatoria de las masas organizadas, esto es, por medio de las luchas sociales, es que se dieron algunos cambios paulatinos, como los acontecidos en los años 20´s, 30´s y 40´s del siglo XX, que permitieron imponer muy a pesar de los grupos oligárquicos y plutocráticos, reformas sociales, que cambiaron las características de la nación costarricense, e hicieron de Costa Rica, un país más inclusivo, al menos durante unas décadas, aunque eso se volvió a revertir, a fines del siglo XX e inicios del XXI, en favor de los sectores plutocráticos dominantes.
Por ello la tensión dialéctica entre el capital y el trabajo, se ha acrecentado en las últimas décadas, permitiendo que la cohesión social de un pueblo desarticulado ideológicamente, germine en brotes dispersos de protestas, que gradualmente van dando organicidad a las clases marginadas y excluidas, lo que se traduce paso a paso en la toma cada vez mayor de su conciencia de clase trabajadora, y que por ende, exige un nuevo tipo de gobernanza, a decir, un inexorable cambio radical, de su situación actual.
La experiencia histórica, demuestra que los derechos sociales no se imploran, se toman por asalto, en contra de los asaltadores de los recursos sociales, que le pertenecen a toda la nación, a todos sus ciudadanos, y no tan sólo a un reducido sector, que se considera dueño de los mismos y del resto de seres humanos, quienes son sometidos a diversas formas de esclavismo asalariado.
Reflexionar sobre la propia historia, es clave, particularmente en un momento en que Costa Rica, se enfrenta a inicios del siglo XXI, a un recrudecimiento de la explotación laboral, a una mayor exclusión social, y teniendo la mayor cantidad de pobres en términos absolutos de toda su historia; aunado todo ello, a un conspicuo cinismo de una corrupta de clase política, que ha instaurado un sistema jurídico-administrativo, orientado a la acumulación de riqueza cuasi-faraónica en una cada vez más reducida oligarquía plutocrática; lo cual es sostenido por un amurallado apartheid de exclusión social in crescendo.
En medio de este desolador panorama, resulta esperanzador, volver los ojos hacia el pasado y percatarnos, que en nuestra historia hubo hombres y mujeres, que surgieron entre los marginados, y tuvieron el valor de luchar en contra esa explotación humana, por parte de un poder oligárquico entronizado sobre la Costa Rica desde esa entonces.
Las clases dominantes de Costa Rica, se han vuelto cada vez más reaccionarias, acaparadoras de los recursos sociales y excluyentes de las clases sociales pauperizadas. Se trata de un poder oligárquico que no sólo se ha negado a hacer nuevas concesiones sociales, sino cada vez impone sus cuotas de poder al sector político, para inmunizar cualquier posible cambio jurídico, administrativo o hacendario, que perjudique sus intereses. Una evidente muestra de ello, han sido los éxitos iterativos, para evitar cualquier tipo de reforma tributaria progresiva y con un sentido socialmente distributivo. A la vez, el asedio a los últimos residuos de las instituciones de bienestar social, en lo educativo, en la salud y sobre los recursos energéticos, es cada vez más implacable, en función de una deliberada estrategia de privatización acaparativa.
La plutocracia oligocrática que se se ha empoderado en la Costa Rica del siglo XXI, al no tener un contrapeso significativo, al servirse de una fauna política genuflexa de turno, al tener el aparato mediático masivo en favor de sus matrices desinformativas; como también, al tener a su servicio los mismos aparatos coercitivos del estado; les permite refugiarse en sus mansiones amuralladas, protegidas por un cada vez más grande ejército de seguridad privada; y, desde ahí, decidir, cuáles serán los representantes políticos que les convienen sean electos o cuáles no, cuáles son los grandes negocios que deberán institucionalizarse en la próxima legislatura y cuáles son las instituciones públicas que deben desmantelarse o venderse al mejor postor.
Por ello, los sectores plutócratas, se encuentran obnubilados en su poder cuasi-absoluto y por su cada vez más marcado desprecio hacia las cada vez más indefensas clases trabajadoras, explotadas y pauperizadas en función de sus intereses; y al no tener ningún contrapeso significativo, muestran sin empacho que no les interesa compartir los recursos sociales de la nación costarricense, que cada día acaparan avariciosamente con mayor ímpetu.
Aquellos recursos e instituciones que aun no han sido copadas por los tentáculos políticos y económicos de los sectores oligocráticos y que se convierten en la excepción, son producto de aquellas reivindicaciones sociales, logradas en otros momentos históricos por las luchas orgánicas levantadas por los sectores excluidos.
En la historia costarricense, sólo cuando la clase dominante, se ha sentido amenazada por la fuerza reivindicatoria de las masas organizadas, esto es, por medio de las luchas sociales, es que se dieron algunos cambios paulatinos, como los acontecidos en los años 20´s, 30´s y 40´s del siglo XX, que permitieron imponer muy a pesar de los grupos oligárquicos y plutocráticos, reformas sociales, que cambiaron las características de la nación costarricense, e hicieron de Costa Rica, un país más inclusivo, al menos durante unas décadas, aunque eso se volvió a revertir, a fines del siglo XX e inicios del XXI, en favor de los sectores plutocráticos dominantes.
Por ello la tensión dialéctica entre el capital y el trabajo, se ha acrecentado en las últimas décadas, permitiendo que la cohesión social de un pueblo desarticulado ideológicamente, germine en brotes dispersos de protestas, que gradualmente van dando organicidad a las clases marginadas y excluidas, lo que se traduce paso a paso en la toma cada vez mayor de su conciencia de clase trabajadora, y que por ende, exige un nuevo tipo de gobernanza, a decir, un inexorable cambio radical, de su situación actual.
La experiencia histórica, demuestra que los derechos sociales no se imploran, se toman por asalto, en contra de los asaltadores de los recursos sociales, que le pertenecen a toda la nación, a todos sus ciudadanos, y no tan sólo a un reducido sector, que se considera dueño de los mismos y del resto de seres humanos, quienes son sometidos a diversas formas de esclavismo asalariado.
Una de las figuras
señeras en la historia patria, es sin lugar a dudas: Carmen Lyra,
o María Isabel Carvajal Quesada, que si Rosa Luxemburgo fue la Rosa más Roja, de las luchas
proletarias
europeas a inicios del siglo XX, Carmen Lyra, fue sin
duda
la Orquídea más Roja de la historia
política costarricense.
Carmen Lyra pasa a la historia patria, no sólo por el aporte estético a literatura costarricense, como una de sus representantes más conspicuas, sino por sus luchas sociales, en nombre de la clase obrera. En 1919 encabeza la lucha contra la dictadura de los Tinoco y en una manifestación de protesta iniciada por las maestras de San José, arenga a la multitud, la cual enardecida termina por quemar el diario del gobierno: "La Información". Es perseguida por la policía a la cual logra evadir disfrazada de vendedora de periódicos. En 1931 entró a formar parte del Partido Comunista, donde se integró con pasión y con alta exigencia intelectual. Formó, con Luisa González, el Sindicato Único de Mujeres Trabajadoras y propuso la creación de la Organización de Maestras Costarricenses.
Es la escritora que más cerca está del realismo en sus inicios en nuestro país. Ha sido considerada la fundadora de la narrativa de tendencia realista social en nuestra patria, luego de escribir sus interesantes cuentos: “Bananos y Hombres” y “Siluetas de la Maternal” que le dieron un gran renombre en nuestra patria y en el extranjero. Sin embargo la obra más conocida en su trayectoria literaria es la popular “Cuentos de mi Tía Panchita“, publicados en 1920 por su gran amigo Joaquín García Monge, y de la cual se han hecho numerosas ediciones. El resto de su obra quedó repartida en periódicos y revistas, entre ellas Bananos y Hombres (1933), cuento que inicia, con gran realismo la literatura de las bananeras.
Carmen Lyra pasa a la historia patria, no sólo por el aporte estético a literatura costarricense, como una de sus representantes más conspicuas, sino por sus luchas sociales, en nombre de la clase obrera. En 1919 encabeza la lucha contra la dictadura de los Tinoco y en una manifestación de protesta iniciada por las maestras de San José, arenga a la multitud, la cual enardecida termina por quemar el diario del gobierno: "La Información". Es perseguida por la policía a la cual logra evadir disfrazada de vendedora de periódicos. En 1931 entró a formar parte del Partido Comunista, donde se integró con pasión y con alta exigencia intelectual. Formó, con Luisa González, el Sindicato Único de Mujeres Trabajadoras y propuso la creación de la Organización de Maestras Costarricenses.
Es la escritora que más cerca está del realismo en sus inicios en nuestro país. Ha sido considerada la fundadora de la narrativa de tendencia realista social en nuestra patria, luego de escribir sus interesantes cuentos: “Bananos y Hombres” y “Siluetas de la Maternal” que le dieron un gran renombre en nuestra patria y en el extranjero. Sin embargo la obra más conocida en su trayectoria literaria es la popular “Cuentos de mi Tía Panchita“, publicados en 1920 por su gran amigo Joaquín García Monge, y de la cual se han hecho numerosas ediciones. El resto de su obra quedó repartida en periódicos y revistas, entre ellas Bananos y Hombres (1933), cuento que inicia, con gran realismo la literatura de las bananeras.
Otras obras suyas son: En una silla de ruedas
(1918), Las fantasías de Juan Silvestre (1918),
Obras completas (1972), La
cucarachita
mandinga (1976), Relatos escogidos
(1977) y Los otros cuentos de Carmen Lyra (1985).
Los últimos años de
su
vida se dedicó por entero a la actividad política,
destacándose en este campo como periodista expositora de
ideas
y como hábil dirigente del Partido Vanguardia
Popular
(comunista). Luego de la caída del gobierno del presidente
Teodoro Picado, al concluir la guerra civil de
1948,
viajó fuera del país el 23 de abril y se exilió en México
ya
con su salud quebrantada. Solicitó su retorno, pero éste
le
fue denegado y el 14 de mayo de 1949 murió lejos de su
país.
Solicitó su retorno, pero éste le fue denegado y el 13 o
el 14
de mayo de 1949, no hay seguridad de cuál de los dos días,
murió en el exilio, añorando volver a su tierra, Sus
restos
llegaron el 20 de mayo y fueron sepultados el 22 de mayo
en el
Cementerio General de la ciudad de San José.


