La crisis desatada por el estallido de las burbujas subprime, ha dejado al desnudo el carácter pseudo-científico de las tesis económicas sostenidas por los enfoques neoclásicos como el monetarista de la Escuela de Chicago y el marginalista de la Escuela Austríaca. Tal situación, recuerda el cuento del "Traje nuevo del Emperador", quien obligó a sus súbditos a aceptar la notabilidad y elegancia de su nuevo "traje" y que quien que no aceptace tales cualidades del traje, eran tontos de remate (-argumento de expediente de inmunización). El Emperador salió a lucir en público su majestuoso traje nuevo, y todos los súbditos debían elogiarle. Pero la verdad es que los tontos de remate fueron los que aceptaron la existencia de dicho traje invisible. Así lo grandes líderes de los bancos centrales se convirtieron en cuasi-sacerdotes de las "tesis monetaristas dominantes", es decir del "traje invisible del emperador" y quien se atreviese a contradecirlos era un loco o suicida económico. Pero el estallido de la burbuja subprime, dejó al desnudo, que como el emperador, quedaron en ridículo y no les ha quedado más que guardar silencio ante tan estruendoso desplome de sus creencias. El monetarismo y el marginalismo, quedaron en evidencia como constructos ideológicos pseudocientíficos, alevosamente forjados para crear mercados financieros desregulados, para imponer globalmente el libre flujo de capitales y activos, para la emisión de dinero inorgánico y con ello fomentar la especulación financiera y bursátil, prácticas que quedaron institucionalizadas por una serie de recetarios neo-liberales, en el Banco Mundial, el FMI y especialmente en el denominado como: "Consenso de Washington", recetarios que permitieron realizar ajustes estructurales en las economías de muchos países, por medio de doctrinas de shock, que anulan la resistencia social ante los recortes en los servicios sociales y las masivas privatizaciones de los recursos naturales e industrias más rentables de sus países. No obstante, la esperpéntica concentración de riqueza en ciertos sectores y la brutal concentración de la miseria en el grueso de la poblaciones, dejó en evidencia que las supuestas "curas" económicas, resultaron mucho más perniciosas que la enfermedad que intentaban curar, y que no tenían más que una promesa de luz al final túnel, la cual nunca llegó, y que no era más que una ingenua perspectiva de la complejidad social, que se trataba de una postulación unidimensional de la naturaleza del ser humano, de la primacía de los intereses comerciales por encima del bienestar social y la preservación del medio ambiente; por eso la crisis dejó al desnudo a los gurús monetaristas y el pueblo ha gritado en coro: "¡Pero si el emperador está desnudo!"; y sí, por supuesto, el emperador o las "leyes del libre mercado" y las "recetas neoliberales de shock y austeridad", han quedado al desnudo. Más bien la connotada tesis de una "mano invisible" que regulaba los mercados según Adam Smith (-y que según este autor en "La Riqueza de las naciones" es en realidad la mano de un Dios providente-), ha mostrado que es un postulado tan absurdo y anticientífico, y seguirlo sosteniendo es como si la termodinámica estadística de la física actual acudiera para dar sus explicaciones científicas a entidades como "el calórico" o "el flogisto", y como que la física relativista quiera seguir sosteniendo entidades como "el éter". Por eso, se requiere una teoría del valor, sustentada en el trabajo real, en la economía real, en las relaciones de producción concretas y no en ficciones financieras.
2.0. Las crisis de finales de la primera década del siglo XXI
En EE.UU. se está presentado a finales de la primera década del siglo XXI, las peores crisis económicas que se haya dado desde la gran Depresión de los años 30´s. Iniciada como una burbuja inmobiliaria, generada por transacciones especulativas con hipotecas altamente riesgosas, se traslada al sector financiero y de ahí se expande como una metástasis a los otros sectores de la economía y a las otras grandes economías del mundo. Los economistas encargados de dirigir las políticas monetarias comienzan a tomar decisiones, que resultan erráticas y lo hacen dando tumbos de ciego, dejando al desnudo que sus acciones no se encuentran fundamentadas en teorías económicas tan sólidas como han querido aparentar.
2.1. Un fantasma recorre Wall Street: la estanflación
El fantasma que aun recorre Wall Street y de cuando en cuando, le quita el sueño a los economistas de la Reserva Federal (Banco Central de EE.UU.), es la gran Depresión iniciada en el año 1929. Esta crisis representó una reevaluación de las teorías económicas capitalistas, y se intentó dar cuenta de qué fue lo que llevó a la misma. El más importante análisis lo realizó el economista británico John Maynard Keynes, quien en su obra: "Teoría General del Empleo, Interés y Dinero", de 1936, quien explicó, como los supuestos mecanismos de auto-corrección de los mercanismos podían no funcionar en la práctica. En este sentido dio cuenta de cómmo una política no intervencionista durante una recesión, conllevava a una disminución en el consumo, y si el consumo se reducía, a continuación caerían los tipos de interés. De acuerdo con los postulados de la economía clásica, la reducción de los tipos de interés lleva al aumento del gasto en inversión, y la demanda se mantendría constante. No obstante, Keynes dio cuenta que la inversión no necesariamente debía aumentar de forma automática como respuesta a una caída en los tipos de interés. Las empresas hacen sus inversiones sobre expectativas de beneficio. Así que, si se puede pronosticar una caída en el consumo a largo plazo, las empresas de análisis de tendencias bajarían las expectativas de ventas futuras, de tal manera que no querrían invertir en el aumento de la producción futura, incluso si los tipos de interés más bajos hacían el capital más barato. Entonces, contrariamente a la denominada como: "ley de Say", la economía se dirige entonces a una depresión general. Y fue esto lo que sucedió en grado extremo durante la Gran Depresión, es decir una dinámica de auto-refuerzo, donde las quiebras eran comunes, y la inversión, que requiere un cierto grado de optimismo, era muy poco probable. Por eso, para Keynes, no se puede contar con el sector privado para crear demanda durante una recesión, el gobierno tiene la responsabilidad de crear esa demanda durante ese período, incluso si tiene que entrar en déficit. Así las tesis de Keynes dominaron a partir de la Gran Recesión y en el capitalismo tardía post-guerra, hasta pasada la crisis de los 70´s, cuando fueron reemplazados por modelos neoclásicos de libre mercado en las últimas décadas del siglo XX y que desembocaron en la gran Recesión del 2008.
2.2. Contrapunto de teorías económicas
Por otra parte, se esbozaron las postulaciones económicas de la escuela austriaca: L. von Mises, F. Hayek y la reelaborada versión de Murray N. Rothbard, y que es esbozada en su obra: "America’s Great Depresión" (1963). Así también, la versión monetarista de la Escuela de Chicago presentó su propia versión, con Milton Friedman y Anna Schwartz: "A Monetary History of the United States, 1897-1958" (1963).
Las respuestas de las causas de la gran Depresión difieren entre sí. Para el modelo de Friedman- Schwartz fue la contracción monetaria, para el modelo de Rothbard fue la expansión monetaria. Esto porque Rothbard busca el causante en 1924, cuando se inicia una expansión crediticia. Mientras que la contracción monetaria de Friedman- Schwartz fue un problema de liquidez.
Por otra parte, el modelo austriaco, propone que la única salida para este tipo de crisis es dolorosa, pero rápida. Cuanto más se la posterga, más díficil es salir sin un colapso del sistema (devaluación + inflación + recesión), por lo que se debe dejar que quiebren las entidades financieras que han hecho inadecuadamente sus transacciones.
Esto, a su vez, habría producido una disminución de la cantidad de dinero. La Fed en los 30´s observó pasivamente como la oferta monetaria se contraía.
Esto, a su vez, habría producido una disminución de la cantidad de dinero. La Fed en los 30´s observó pasivamente como la oferta monetaria se contraía.
Por su parte, Friedman y Schwartz llegaron a la conclusión de que el Fed habría sido la responsable de la gravedad que tuvo la Gran Depresión, por no haber hecho lo que se suponía que podía hacer. Si la oferta monetaria se reduce por una demanda de saldos reales, es necesario inyectar más para evitar esa demanda, y así se evita una contracción crediticia(-un emparche para evitar el estrangulamiento de la necesidad de efectivo de la estructura económica-), que en el modelo Friedman y Schwartz fue la causante de la crisis de los 30´s.
La Fed, tenía la capacidad de controlar, aunque de manera imperfecta, la cantidad de dinero, que correspondía en buena medida a billetes de banco supuestamente respaldados por oro y depósitos a la vista. En cambio el modelo de perfil austriaco de Rothbard, parte de la base de que el dinero es aquel bien que las personas consideran como medio de intercambio de aceptación generalizada. Cuando los individuos entendieron que el oro no alcanzaba para respaldar todos los billetes, abandonaron esta ficción monetaria, dejaron de aceptar billetes y exigieron su oro de vuelta.

Ante este escenario, el Fed habría perdido la capacidad de controlar la oferta monetaria. Desde este punto de vista, la responsabilidad del Fed radicaría en las políticas que mantuvo durante la década de los 20´s, que condujeron a la desconfianza del público en la convertibilidad del papel moneda en oro. Una vez perdida la confianza, la contracción monetaria habría sido inevitable, a menos de que se confiscara todo el oro y se obligara a los ciudadanos a aceptar el papel moneda, lo que finalmente se hizo durante el gobierno de Roosevelt.
2.3. Arrecian los vientos huracanados de la crisis financiera
En la crisis iniciada hacia finales del 2007 y que se recrudece a partir del primer trimestre del 2008, aun cuando buena parte de las entidades financieras se encuentran gravemente afectadas, el primer caso verdaderamente dramático que se presentó, fue el banco de inversiones estadounidense: Bear Stearns, y este, de acuerdo a las tesis austríacas, debería haberse liquidado, por el fracaso de sus transacciones riesgosas propiciadas por la voracidad financiera típica de una ética de negocios basada en el utilitarismo egoísta. Pero entonces, las altas autoridades (Fed, Secretaría del Tesoro) parecen apoyarse más bien en las tesis económicas del monetarismo de la escuela de Chicago(-Friedman y Schwartz-), y para impedir la contracción de la masa monetaria a partir de la desaparición de su capital especulativo, la Fed interviene con U$ 29000 millones de recursos del erario público, con una intermediación que fue brutalmente especulativa por J.P. Morgan, pues el gangsterismo de Wall Street, manipula las cosas de tal manera que las acciones de Bear Stearns pasen en menos de una semana de U$ 

